«Empecé con 16 años, en 1978. El campo era de tierra y en invierno jugábamos con barro hasta las rodillas, pero no lo cambiaría por nada.»
«Lo mejor del Gazteak siempre ha sido la gente. Éramos del barrio, nos conocíamos todos, y el fútbol era la excusa para vernos cada domingo.»
«A los chavales de hoy les digo lo mismo: disfrutad, que esto pasa muy rápido. Yo todavía sueño con aquellas tardes en Kabiezes.»
